Río Gallegos 23/02/13

Entrada a la Plaza San Martin
Caminaba lentamente, unas largas cuadras me esperaban hasta a plaza San Martín. No había dormido nada y estaba como ido, mis piernas eran lo único que me funcionaban. Con mis últimos pesos me compré algo en una panadería que encontré en el camino, necesitaba algo dulce para despertarme. Llegue a la plaza y solo pensaba en dormir bajo un árbol pero primero me tocó socializar un poco. En la plaza conocí varias personas, un hombre joven me llamó cuando me vio con la mochila, me preguntó de dónde venía y le dije que era venezolano pero que tenía más de un año viviendo en la Argentina, no me creía, pensaba que yo era argentino, "no me vengás chamullar si vos sos argentino, porteño debes ser" me decía totalmente convencido, le mostré el documento y aun así lo dudaba. No recuerdo el nombre pero me insistía que era hijo de una de las personas más importantes de la ciudad y repetía su apellido, le preguntaba a sus amigos, si conocían a su familia para demostrar que decía la verdad. Según contaba había peleado con su padre por eso no vivía en su casa, pero con su mama si se llevaba bien, si necesitaba algo de dinero o lavar mi ropa podía ir hasta su casa, ofreciéndome lugar para dejar mis cosas y descansar, no acepté ninguna de sus invitaciones algo me parecía raro, un tipo de mas de 30 con dos amigos adolescentes, ofreciendo que su mamá me podía lavar mi ropa, alardeando que es hijo de un político o de un empresario importante y que era de una familia de dinero, no me daba buena espina. Me despedí sin aceptar ninguna de las ayudas de tal personaje diciendo que tenía que ponerme a laburar, pero no cerré esa posibilidad diciendo que tal vez en un rato nos encontrábamos en este mismo lugar. No suelo despreciar ninguna ayuda a menos que algo no me huela bien. 

mi cara después de no poder dormir
la "ría"
Llegué  al semáforo cerca de la plaza, en un rato hice un par de pesos y fui a conocer la ciudad, pase por 
información turística a preguntar donde quedaba el camping municipal, quedaba tan lejos que ni siquiera aparecía en el mapa de Río Gallegos que me estaba regalando, junto con un montón de folletos sobre la ciudad. Fui hasta la costanera a la llamada “ría”, que es una desembocadura del mar en un río grande, está determinado por las mareas y alberga un montón de fauna. En la playa de piedras pude descansar un poco pero me sentía muy expuesto y fui buscando esa misma plaza donde había llegado antes. En el camino busque algún lugar para comer, fue fácil elegir uno que ofrecía una hamburguesa y un refresco a cincuenta pesos, justo lo que había hecho laburando. Después me fui a acostar bajo un árbol, por suerte no me volví a encontrar con nadie y pude dormir un buen rato.
amanecer a las 8am


La costanera

Ya bien descansado, regresé al mismo semáforo y traté de hacer algunos pesos para ver a donde iba a dormir. Por suerte me cruce con un flaco con un gorro rastafari, le pregunte por alguna onda y me invito a comer en su casa, o el lugar donde se estaba quedando en la ciudad, porque al parecer no era de allí sino del norte, de Resistencia, provincia de Chaco y estaba regresando de haber pasado más de un año viviendo en Ushuaia. Dormía en casa de un amigo porque aún no sabía si volver a su casa o seguir intentándolo. Se llamaba Mauricio, un malabarista ocasional, se había quedado en la provincia más fría de Argentina por una mujer trabajando en una panadería. Estaba en medio de la disputa interna, del ahora que hago o el que debería hacer. También estaba en medio de un pleito amoroso. Me regalo un mapa de Ushuaia y me dio algunas indicaciones sobre todo donde malabarear. Después de comer pasta con huevo fritos, compartí con ellos unas cervezas, después de conversar largo rato, se fueron a dormir y yo me acomodé en mi bolsa de dormir en el piso de la sala como había quedado con mis anfitriones.
la costa sin mar


saliendo de la ciudad
Al otro día me levanté temprano y ya todos estaban levantados, discutiendo por algo entre ellos. Pensaban que me quería más tiempo y les expliqué que no me estaba instalando, ese mismo día tenía que salir hasta Ushuaia, aprovechar el día porque estaba viajando a dedo. Mauricio se disculpó por la mala actitud de su amigo, al parecer llegaba su mujer con su bebe y no podían verme en la casa. Salí un poco molesto y crucé la ciudad hasta la salida, unos cuantos kilómetros de donde estaba. Según había un lugar en la ruta donde la mayoría de la gente hace dedo porque está en las afueras de la ciudad. En el camino crucé con un monumento a los caídos de la guerra de las Malvinas.


ALEGORIAS
"He visto surgir de las entrañas de nuestro suelo
valientes soldados de aire, mar y tierra
ostentando laureles de gloria al cielo infinito.
He visto la ofrenda de su sangre derramada
bañar de honra nuestras islas.
Sería justicia entonces
que ardientes teas mantengan encendida
la memoria de los hombres
en este símbolo de concreto hecho homenaje".
monumento con llama



se las llevaron!!!
la ruta  llamando para caminar
En la ruta no tuve nada de suerte, varias horas esperando y nada. Llegaron un par de chicas, me saludaron y siguieron caminando. Bajaron sus mochilas doscientos metros más adelante. No paso ni cinco minutos cuando el mismo camión que me hizo señas de no poderme llevar se estacionó después de las chicas y las llevo. La verdad me molestó pero lo entendí, el camión para ellos es como su casa, eligen a quien llevan y más vale que van a elegir a una mujer. Después de estar todo el día, un poco antes de atardecer empecé a caminar para descargar porque la verdad no iba a llegar a ningún lugar. No estaba seguro si iba a poder caminar hasta el paso austral frontera Argentina-Chile, por lo menos hasta que alguien me alzara, en vez de esperar y perder el tiempo por lo menos me iba acercando a mi destino a dos kilómetros por hora. Al comienzo fue bueno sentirse en el medio de la nada, ya ni siquiera le hacía señas a los autos, disfrutaba con el paisaje y con estar solo, lejos de cualquier persona.
que será que será la vida que será será será...
la ruta 3

Algunos de los paisajes que me encontré en el camino, no son nada del otro mundo si vas en auto o en camión pero cuando lo haces caminando sientes como cualquier lugar se transforma en un gran paisaje. Caminar es como una meditación, en silencio vas analizando cada uno de tus pensamientos y con cada paso conectas la mente y el cuerpo con el entorno. Viendo con los ojos lo que no se puede tocar con las manos.



 Trataba de olvidar ese gusto por estar seguro de lo que va a pasar, a través de la comunión de los sentidos. Dejaba que mis ojos volaran, investigando mi alrededor para olvidarme que todavía mis pies estaban sobre la tierra.



En la noche llegué a una policía caminera a unos cuantos kilómetros después de la salida de Río Gallegos. Enseguida cuando me vieron los policías me llamaron para el tradicional ritual "documento, nacionalidad, de dónde sos? a dónde vas?, de dónde venís?" Me revisaron las cosas, con más ganas que en la vez anterior. Trate de hacer dedo pero hacia frio, estaba todo nublado y decidí que era mejor acostarse y mañana aprovechar el día en vez de pelear con la oscuridad y el viento. Les pregunté a la policía si podía armar mi carpa al lado de ellos, esperando que me invitaran a dormir dentro de la garita pero como no lo ofrecieron tampoco se los pedí. En un terreno baldío fue un desafío tratar de armar mi carpa, luego de por lo menos una hora de jugar al barrilete cósmico con el viento, me salían lágrimas de no poderla armar, no tenía estacas para asegurarla al piso, no tenía puerta, el viento la llenaba como un globo aerostático y si la soltaba se iba volando por el campo. Pasar la noche fue medio desastroso, al no tener puerta, era como dormir en una cabina de aire, por más que mi bolsa de dormir me cubría como un capullo, no pude dormir muy bien, varias veces me tuve que levantar en medio de la noche, el frío y el viento a arreglar algo de la carpa. Fue una de las peores noches, parecía un mal chiste, todo lo malo que pudo pasar estaba pasando junto sin contar con el hecho de no haber comido nada en todo el día, por haber salido molesto y no pensar mejor las consecuencias de caminar sin provisiones. Ni siquiera agua tenía en la mochila. Al otro día agradecí cada gota de sol de la mañana, sentía como si la luz revivía partes de mi piel dormida.

proxima historia