 |
| Entrada a la Plaza San Martin |



Caminaba lentamente, unas largas cuadras me esperaban hasta
a plaza San Martín. No había dormido nada y estaba como ido, mis piernas eran
lo único que me funcionaban. Con mis últimos pesos me compré algo en una panadería
que encontré en el camino, necesitaba algo dulce para despertarme. Llegue a la
plaza y solo pensaba en dormir bajo un árbol pero primero me tocó socializar un
poco. En la plaza conocí varias personas, un hombre joven me llamó cuando me
vio con la mochila, me preguntó de dónde venía y le dije que era venezolano
pero que tenía más de un año viviendo en la Argentina, no me creía, pensaba que
yo era argentino, "no me vengás chamullar si vos sos argentino, porteño
debes ser" me decía totalmente convencido, le mostré el documento y aun así
lo dudaba. No recuerdo el nombre pero me insistía que era hijo de una de las
personas más importantes de la ciudad y repetía su apellido, le preguntaba a
sus amigos, si conocían a su familia para demostrar que decía la verdad. Según
contaba había peleado con su padre por eso no vivía en su casa, pero con su
mama si se llevaba bien, si necesitaba algo de dinero o lavar mi ropa podía ir
hasta su casa, ofreciéndome lugar para dejar mis cosas y descansar, no acepté
ninguna de sus invitaciones algo me parecía raro, un tipo de mas de 30 con dos amigos
adolescentes, ofreciendo que su mamá me podía lavar mi ropa, alardeando que es
hijo de un político o de un empresario importante y que era de una familia de
dinero, no me daba buena espina. Me despedí sin aceptar ninguna de las ayudas
de tal personaje diciendo que tenía que ponerme a laburar, pero no cerré esa
posibilidad diciendo que tal vez en un rato nos encontrábamos en este mismo
lugar. No suelo despreciar ninguna ayuda a menos que algo no me huela bien.
 |
| mi cara después de no poder dormir |
 |
| la "ría" |
Llegué al semáforo cerca de la plaza, en un rato hice un par de pesos y fui a conocer la ciudad, pase por
información turística a preguntar donde quedaba el camping municipal,
quedaba tan lejos que ni siquiera aparecía en el mapa de Río Gallegos que me
estaba regalando, junto con un montón de folletos sobre la ciudad. Fui hasta la
costanera a la llamada “ría”, que es una desembocadura del mar en un río
grande, está determinado por las mareas y alberga un montón de fauna. En la
playa de piedras pude descansar un poco pero me sentía muy expuesto y fui
buscando esa misma plaza donde había llegado antes. En el camino busque algún
lugar para comer, fue fácil elegir uno que ofrecía una hamburguesa y un
refresco a cincuenta pesos, justo lo que había hecho laburando. Después me fui
a acostar bajo un árbol, por suerte no me volví a encontrar con nadie y pude
dormir un buen rato.
 |
| amanecer a las 8am |
 |
| La costanera |
Ya bien descansado, regresé al mismo semáforo y traté de
hacer algunos pesos para ver a donde iba a dormir. Por suerte m
e cruce con un flaco con un gorro rastafari, le pregunte por alguna onda y me invito a comer en su casa, o el lugar donde se estaba quedando en la ciudad, porque al parecer no era de allí sino del norte, de Resistencia, provincia de Chaco y estaba regresando de haber pasado más de un año viviendo en Ushuaia. Dormía en casa de un amigo porque aún no sabía si volver a su casa o seguir intentándolo. Se llamaba Mauricio, un malabarista ocasional, se había quedado en la provincia más fría de Argentina por una mujer trabajando en una panadería. Estaba en medio de la disputa interna, del ahora que hago o el que debería hacer. También estaba en medio de un pleito amoroso. Me regalo un mapa de Ushuaia y me dio algunas indicaciones sobre todo donde malabarear. Después de comer pasta con huevo fritos, compartí con ellos unas cervezas, después de conversar largo rato, se fueron a dormir y yo me acomodé en mi bolsa de dormir en el piso de la sala como había quedado con mis anfitriones.
 |
| la costa sin mar |
 |
| saliendo de la ciudad |
Al otro día me levanté temprano y ya todos estaban levantados, discutiendo por algo entre ellos. Pensaban que me quería más tiempo y les expliqué que no me estaba instalando, ese mismo día tenía que salir hasta Ushuaia, aprovechar el día porque estaba viajando a dedo. Mauricio se disculpó por la mala actitud de su amigo, al parecer llegaba su mujer con su bebe y no podían verme en la casa. Salí un poco molesto y crucé la ciudad hasta la salida, unos cuantos kilómetros de donde estaba. Según había un lugar en la ruta donde la mayoría de la gente hace dedo porque está en las afueras de la ciudad. En el camino crucé con un monumento a los caídos de la guerra de las Malvinas.
 |
ALEGORIAS
"He visto surgir de las entrañas de nuestro suelo
valientes soldados de aire, mar y tierra
ostentando laureles de gloria al cielo infinito.
He visto la ofrenda de su sangre derramada
bañar de honra nuestras islas.
Sería justicia entonces
que ardientes teas mantengan encendida
la memoria de los hombres
en este símbolo de concreto hecho homenaje". |
 |
| monumento con llama |
 |
| se las llevaron!!! |
 |
| la ruta llamando para caminar |
En la ruta no tuve nada de suerte, varias horas esperando y
nada. Llegaron un par de chicas, me saludaron y siguieron caminando. Bajaron
sus mochilas doscientos metros más adelante. No paso ni cinco minutos cuando el
mismo camión que me hizo señas de no poderme llevar se estacionó después de las
chicas y las llevo. La verdad me molestó pero lo entendí, el camión para ellos
es como su casa, eligen a quien llevan y más vale que van a elegir a una mujer.
Después de estar todo el día, un poco antes de atardecer empecé a caminar para
descargar porque la verdad no iba a llegar a ningún lugar. No estaba seguro si
iba a poder caminar hasta el paso austral frontera Argentina-Chile, por lo
menos hasta que alguien me alzara, en vez de esperar y perder el tiempo por lo
menos me iba acercando a mi destino a dos kilómetros por hora. Al comienzo fue
bueno sentirse en el medio de la nada, ya ni siquiera le hacía señas a los
autos, disfrutaba con el paisaje y con estar solo, lejos de cualquier persona.
 |
| que será que será la vida que será será será... |
 |
| la ruta 3 |
Algunos de los paisajes que me encontré en el camino, no son nada del otro mundo si vas en auto o en camión pero cuando lo haces caminando sientes como cualquier lugar se transforma en un gran paisaje. Caminar es como una meditación, en silencio vas analizando cada uno de tus pensamientos y con cada paso conectas la mente y el cuerpo con el entorno. Viendo con los ojos lo que no se puede tocar con las manos.

Trataba de olvidar ese gusto por estar seguro de lo que va a pasar, a través de la comunión de los sentidos. Dejaba que mis ojos volaran, investigando mi alrededor para olvidarme que todavía mis pies estaban sobre la tierra.

En la noche llegué a una policía caminera a unos cuantos kilómetros
después de la salida de Río Gallegos. Enseguida cuando me vieron los policías
me llamaron para el tradicional ritual "documento, nacionalidad, de dónde
sos? a dónde vas?, de dónde venís?" Me revisaron las cosas, con más ganas
que en la vez anterior. Trate de hacer dedo pero hacia frio, estaba todo
nublado y decidí que era mejor acostarse y mañana aprovechar el día en vez de
pelear con la oscuridad y el viento. Les pregunté a la policía si podía armar
mi carpa al lado de ellos, esperando que me invitaran a dormir dentro de la
garita pero como no lo ofrecieron tampoco se los pedí. En un terreno baldío fue
un desafío tratar de armar mi carpa, luego de por lo menos una hora de jugar al
barrilete cósmico con el viento, me salían lágrimas de no poderla armar, no tenía
estacas para asegurarla al piso, no tenía puerta, el viento la llenaba como un
globo aerostático y si la soltaba se iba volando por el campo. Pasar la noche
fue medio desastroso, al no tener puerta, era como dormir en una cabina de
aire, por más que mi bolsa de dormir me cubría como un capullo, no pude dormir
muy bien, varias veces me tuve que levantar en medio de la noche, el frío y el
viento a arreglar algo de la carpa. Fue una de las peores noches, parecía un
mal chiste, todo lo malo que pudo pasar estaba pasando junto sin contar con el
hecho de no haber comido nada en todo el día, por haber salido molesto y no
pensar mejor las consecuencias de caminar sin provisiones. Ni siquiera agua tenía
en la mochila. Al otro día agradecí cada gota de sol de la mañana, sentía como
si la luz revivía partes de mi piel dormida.
 |
| proxima historia |